Saliendo con los más pequeños
Escrito por Lu el 10 Febrero 2010
1:30pm, sábado. Todos languidecemos de hambre. Me pasé la mañana en mil cosas y no tengo fuerzas para cocinar. ¡Vamos a comer fuera!
Cuando pensé en este post e hice una pregunta en el Facebook, no pensé que fuera una experiencia tan similar la de mi pequeña primate a la de varias mamás y papás. Aquí les cuento mi experiencia y una que otra recomendación para que salir no sea un locura y podamos disfrutar mucho más.
Todo comienza antes de salir. Hay que alistar a los pequeños, llevar todo lo que pudiera necesitar (y que jamás sacaremos del bolso, admitámoslo). Y cuando creemos que ya todo está listo, seguramente nos olvidamos algo así que hay que regresar. También es el momento exacto para las sorpresitas, la incontinencia de los más pequeños que nos harán regresar a cambiarlos de pañal. O, en mi caso con una hija pre- adolescente, su siempre oportuno: “un ratito mami, me olvidé algo”. ¿Qué te olvidaste? “Algo”. Jamás sabemos qué es ese algo.

Ale hace varios meses, con cara de "restaurante, no?. No saben en qué se han metido"
Al llegar al lugar empezamos a buscar silla para niños, si es que hay (¿por qué tienen tan pocas amigos dueños de restaurantes? Acaso los niños no merecen un asiento, tema aparte). Hay que ubicarlos, poner babero, sacar vaso con agua-con-asas-y-pico-de-pato, juguete manchable y -finalmente- ubicarnos nosotros. Ahora hay que almorzar/cenar y no morir en el intento. Cuando se le viene a ocurrir esto de la afirmación de su autonomía: Ale quiere comer sola ¡todo! Aunque a veces ni coma porque juega con el arroz, con los cubiertos, las servilletas… ¡pero no toques su plato! Porque lanza tremendo: ¡NOOO!, y medio restaurante voltea y me mira con cara de “mala madre” :S o con cara de: “por qué no se quedaron a comer en su casa”. Ana en cambio, en medio de todo lo que hace su hermana, habla, habla y habla. Las servilletas vuelan, los cubiertos vuelan, el arroz vuela, su hermana se atora, el restaurante explota (bueno esto último no), pero ella sigue hablaaannndooo.
Y, algo que me olvidaba, no importa el lugar en el que estemos, sea de comida criolla, pescado, oriental, mediterránea o vegetariana… Ana siempre pedía pollo a la plancha con papas. Cómo le explicaba a tremenda porfiada que en donde venden comida marina ¡no hay pollo! Ale “pica” el plato de todos, demás está comprar algo exclusivo para ella, en los restaurantes se distrae muchísimo, pero en cuanto llegamos a casa me dice: “¿mamá ñamñam?” [traducción aquí].
Algunas recomendaciones importantes:
- Los niños pequeños no tendrían por qué entender que están en un restaurante y no pueden pasearse por ahí, a pesar que les digamos con voz baja: “si te vas por ahí el mozo te va a robar”, “No vayas por ahí que te quemas”, ¿acaso no le han dicho cosas como estas a sus hijos? ¡Confiesen!
Les decía, que no podemos pretender que se comporten en un restaurante como se comportan en el comedor de nuestra casa (¡o mejor!): hay muchas distracciones, mucha gente que va y viene, quizás otros niños y obvio ellos querrán verlo y experimentarlo todo. - Los niños tienen rutinas, si vamos a almorzar a las 3 de la tarde y ellos suelen almorzar a la 1, es casi imposible que ese pequeño se mantenga tranquilo mucho tiempo. Nosotros podemos alterar nuestros horarios, pero cuando se trata de un niño pequeño lo mejor es procurar mantener sus horarios.
- Los lugares con juegos infantiles podrían ser, de cierta manera, una ayuda porque los chicos estarán jugando mientras comemos. Pero cuando sea hora de que ellos coman, podríamos tener algunos problemas, porque estarán tan entretenidos que no querrán dejar de jugar. El juego hasta el hambre aplaca.
- Como decía una sabia mamá en el Facebook, salir a comer de noche con niños no es lo más recomendable. La noche es para dormir para ellos y para nosotros para disfrutar
Espero que la próxima vez que salgan con sus pequeños les vaya muchos mejor. ¿Alguna recomendación más?
Hablamos,
Lu






































