Barbie mamacita
Escrito por Lu el 14 Abril 2009

by Jacqueline Chaumont
Admitámoslo, quién no ha querido ser como la barbie mamá. Ha dado a luz (tantas veces como ha querido) y la panza le quedó planita, planita. No engordó un kilo, no le crecieron los brazos ni le salieron estrÃas. No se le hincharon los pies ni estuvo a punto de tener preeclampsia. Jamás se la cayó ninguno se sus rubios cabellos ni tuvo que tomar ácido fólico, que la harÃa sufrir de estreñimiento.
No pues, la barbie mamacita, de carne y hueso, no existe. Pero este mundo de consumo y de imagen, te exige que después de dar a luz estés como ella. Regia, sin ojeras de tantas sueño cortado, con la manicure francesa prolija, sin ninguna herida ocasionada por dar de lactar. Yo soy la Barbie hawaina, pero por el color broncea’o no más.
Cuánto tiempo le dedicamos a buscar “vernos bien”, antes de “sentirnos bien”. Cuántas veces nos miramos en un espejo y cuántas veces nos cambiamos de ropa para ir a algún lado. Me incluyo entre las que varias veces quieren verse bien no más. Y ya me ven, todas las mañanas, destrozando el clóset. Odiando mi ropa, mis medidas, mi obsesión -estupidez- por comer y estar flaquita (siento que algún dÃa lo lograré). Lo cierto es que estoy en mi peso normal, aunque mi cintura no es la misma, mis caderas tampoco, pero qué querÃan, ya van dos hijas…
No hay excusas, no hay nada que un poco de ejercicio no ponga en su lugar, que acomode correctamente. Pero ¿qué se necesita entonces para “sentirse bien realmente”? El asumir responsablemente aquello que hacemos y entender que de alguna manera afectará en nuestro cuerpo, en nuestro entorno.
“¡Estoy gorda, nada me queda!”, digo yo.
“Haz ejercicios”, dice, sabiamente, mi marido.
Si como descontroladamente, engordaré. Si ando molesta todo el dÃa, me arrugaré, me haré más vieja. Si me peleo con todo el mundo, mujer de pocos amigos seré. Si mi marido y yo no nos damos un tiempo para estar solos solos, terminaremos agobiados. Si quieres que las cosas en tu vida sean distintas, pues has algo para que asà sea.
Yo ya me cansé de buscar bajar de peso con la técnica del “por favor, por favor, Dios, hazme bajar de peso”. Hoy me pongo la vincha, las zapatillas y empiezo a buscar los cambios que deseo en mi vida.
Hablamos,
Lu






































