Comunicándonos algo…
Escrito por Lu el 28 Enero 2010
Anacé cumplirá 11 años en sólo 3 meses. El próximo año entra a la secundaria y siento que de cuando la tenía en mis brazos la primera noche que la vi y no tenía idea de cómo darle de lactar, al día de hoy, no ha pasado mucho tiempo. Y le falta poco para pasarme de tamaño, y se pone mis zapatos, y tiene sus propios gustos, sus manías, y crece, crece y crece.
A medida que nuestros hijos van creciendo, formando su personalidad, explorando el mundo y demás, es vital que establezcamos sistemas de comunicación eficientes con ellos, para ellos. A todos nos importa saber dónde estuvieron y qué hicieron durante el día, pero si les preguntamos de frente “¿qué hiciste hoy?”, lo más probable es que recibamos como respuesta un: “Nada”. Como cuando llegan del colegio y una –ilusa- pregunta: “¿Cómo te fue en el cole?” y ellos responden: “Bien”. Y se vuelven cada vez más monosilábicos antes nuestras preguntas.
Entonces, ¿qué hacer? Nadie sabe, la verdad.
Pero las mejores recomendaciones indican que debemos buscar mejores momentos para hablar con ellos y hacer preguntas que inviten a generar una conversación. Una vez que tengamos una, podremos saber cómo están, qué les pasó, cómo se sienten. No funcionará el que papá, mamá, hijo se sienten en la sala y papá diga: “Hoy hablaremos de las drogas”, les aseguro que en ese momento empezó y terminó la conversación. Hay que ser menos directos y más hábiles. Es necesario trasmitir confianza, demostrar que no los vamos a cuestionar (aunque ganas no nos falten de decirles: “¡qué tenías en la cabeza!”).
Estén más atentos a qué les gusta, qué música escuchan, qué visten y a través de temas que a ellos les interesen generen una conversación. No tiene que estar de acuerdo todo, y es bueno que se lo hagan saber de forma asertiva. Los chicos prestan mucha atención a la forma cómo les decimos las cosas, es distinto decir: “no olvides ordenar tu cuarto temprano para que tengas más tiempo para jugar/salir luego” a decir “¡arregla ese lugar que parece que ahí viviera un loco, toda la vida lo mismo!”
Si todo el tiempo cuestionamos lo que nuestros hijos hacen, podríamos generar que mientan para no ser cuestionados. Y si ante todo somos permisivos y no tenemos una opinión acerca de lo que hacen o no, pues podríamos generar que ellos sientan que no tienen límites y pueden hacer lo que quieran, aún lo que no deban.
Anacé habla y habla en cuanto se mete a un tema que le interesa, y no para de hablar y a veces me canso, pero la prefiero así expresiva, confiada, dispuesta a conversar conmigo que en mutis total.
A ustedes ¿cómo les va con sus hijos mayores?
Hablamos,
Lu








































